Posteado por: hocsigno | septiembre 22, 2010

LA BEATA MADRE MARÍA DE LA PURÍSIMA, Y LA SANA TRADICIÓN

El Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, monseñor Angelo Amato, presidió el pasado sábado, en Sevilla, la beatificación de la Madre María de la Purísima (en la fotografía con el Papa Juan Pablo II), de las Hermanas de la Cruz.

 Reproducimos, por su interés, extractos de la homilía pronunciada por el cardenal Amato:

“En el difícil período postconciliar, perseveró en la sana tradición, indicando a sus hermanas aquel camino de santidad y de servicio querido por la santa Fundadora, rechazando la moda efímera de cambios externos, exentos de eficacia apostólica. Nuestra Beata es un válido ejemplo de la fecundidad de la obediencia al carisma fundacional: hacerse pobres con los pobres para ganarse a Cristo.

Fue esta capacidad suya de mantener intacto el espíritu del Instituto la que hizo florecer a su congregación de manera verdaderamente extraordinaria. Un testigo afirma: “No podemos olvidar que cuando la mayor parte de los Institutos hoy sufre por falta de vocaciones, hasta el punto de que muchos de nuestros conventos y monasterios parecen residencias de ancianos, el Instituto de las Hermanas de la Cruz continúa teniendo vocaciones en un número verdaderamente considerable”.

El cardenal Amato reprodujo también en su homilía el testimonio de una hermana de congregación de la beatificada: “Fue un período en el que en la vida religiosa se respiraba una gran corriente de cambio y en el que casi todas las congregaciones cambiaron no sólo el hábito, sino incluso el carisma de la congregación. Ella, sin embargo, se mantuvo en afirmar que a nosotras nada nos impedía continuar vistiendo como en tiempos de nuestra Santa Fundadora y en confirmar nuestra fisionomía, afianzando con fuerza nuestro carisma para no alejarnos del que nuestra Santa Madre quería que fuese nuestro Instituto. Esto lo defendió, luchó por esto y lo consiguió, a pesar de las sonrisas irónicas de otros institutos religiosos y de sacerdotes que nos ridiculizaban”.

La homilía recogió también este otro testimonio de otra hermana de la Congregación: “Llegábamos a clase con nuestra carpeta azul de cartón, con nuestros zapatos desgastados, con nuestro gran paraguas con algún roto. Mientras buscábamos un asiento, sentíamos las miradas de desaprobación de algunas religiosas que susurraban: “Ya han llegado las del Viejo Testamento”. Yo me sentía mal y la miraba a ella que, sin embargo, permanecía sonriente y serena ante estos comentarios”.

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