Posteado por: hocsigno | noviembre 12, 2010

VERBUM DOMINI

El Santo Padre, Benedicto XVI, acaba de hacer pública su nueva exhortación post sinodal Verbum Domini, sobre la “Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”.

 En línea con la constante preocupación del Santo Padre por la vida litúrgica de la Iglesia, dicha exhortación contiene consideraciones importantes en este campo, como las tocantes a la homilía, la necesidad del silencio en las celebraciones litúrgicas, o el lugar del canto en la mismas. Extractamos algunos de estos pasajes:

 “Se han de evitar homilías genéricas y abstractas, que oculten la sencillez de la Palabra de Dios, así como inútiles divagaciones que corren el riesgo de atraer la atención más sobre el predicador que sobre el corazón del mensaje evangélico. Debe quedar claro a los fieles que lo que interesa al predicador es mostrar a Cristo, que tiene que ser el centro de toda homilía. Por eso se requiere que los predicadores tengan familiaridad y trato asiduo con el texto sagrado; que se preparen para la homilía con la meditación y la oración, para que prediquen con convicción y pasión”.

“Nuestro tiempo no favorece el recogimiento, y se tiene a veces la impresión de que hay casi temor de alejarse de los instrumentos de comunicación de masa, aunque solo sea por un momento. Por eso se ha de educar al Pueblo de Dios en el valor del silencio. Redescubrir el puesto central de la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia quiere decir también redescubrir el sentido del recogimiento y del sosiego interior. La gran tradición patrística nos enseña que los misterios de Cristo están unidos al silencio, y sólo en élla Palabra puede encontrar morada en nosotros, como ocurrió en Maria, mujer de la Palabra y del silencio inseparablemente. Nuestras liturgias han de facilitar esta escucha auténtica: Verbo crescente, verba defi ciunt.”

 “Para ensalzar la Palabra de Dios durante la celebración litúrgica, se tenga también en cuenta el canto en los momentos previstos por el rito mismo, favoreciendo aquel que tenga una clara inspiración bíblica y que sepa expresar, mediante una concordancia armónica entre las palabras y la música, la belleza de la palabra divina. En este sentido, conviene valorar los cantos que nos ha legado la tradición de la Iglesia y que respetan este criterio. Pienso, en particular, en la importancia del canto gregoriano”.

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